Hoy ofrezco mi informe de una hallaca miniminalista --pero no por éllo menos multisápida-- que he visualizado por años y que finalmente he hecho realidad este sabado 23 de Diciembre. La he llamado tentativamente hallaca de olla o hallaca americana o hallaca dim sum o hallaca de canasta o de cestilla de vapor.
El método permite la preparación de pocas hallacas a la vez y hasta de hallacas de diferentes guisos o de variadas proporciones de adornos. Puede ser la hallaca instantánea de un día, incluso la hallaca única de la jornada de un cocinero solitario (aun si se opone a la idea ancestral de preparar un cargamento de hallacas con la idea de unir familia y amigos, ambos devorandolas por días, sin temor a la escasez, generalmente en alegre celebración pascual).
Mi esposa Marilyn, no habiendo nacido en Venezuela y libre de las constricciones de la tradición, ha ofrecido excelentes sugerencias para su confección, más adaptadas a la vida fuera del terruño y más aptas para capturar el interés de cocineros que, sin ser nativos de la tierra que vió nacer a la hallaca de estricta manufactura, quisiesen aventurarse en su preparación.
La hallaca de olla reduce a pocos minutos el laborioso asunto de masa, guiso, empaquetamiento y cocción de la hallaca tradicional. Es un método para flojos, apurados o expatriados y aún así produce un bocadillo de muy buen talante en menos de dos horas. El corazón del método está en usar una cestilla de bambú para vaporear el pastel maravilloso que ha sido moldeado, entre hojas de plátano, en el espacio de la cestilla.
La hallaca deviene redonda pero está perfectamente empaquetada por las hojas de plátano, que se adosan bien aplanchadas sobre la masa. La hallaca, siendo circular y enhiesta, llega a parecerse a una arepa gigante colorada, por así decir, una "arepallaca".
La masa de nuestra hallaca es similar a la de muchas hallacas "genuinas". Nosotros usamos harina PAN, rociada con caldo tibio de pollo al que se deja invadir la harina por media hora. Después de amasada la mezcla, a la masa se le añada aceite onotado hasta lograrse el color broncíneo tradicional y la textura y firmeza acostumbradas. Esta parte es muy fácil de lograr y muy rápida también.
La canasta o cestilla de vapor, conocida en inglés como bamboo steamer, ejemplo del cual hay en cada tienda de productos asiáticos de cocina, puede ser de 6 pulgadas. Está elaborada de bambú y su base es una rejilla que permite la circulación del vapor de agua. Viene en kits de dos cestillas con una tapa. La hallaca resultante tiene un volumen equivalente al de una hallaca grande hecha en Venezuela. Satisface un apetito moderado a grande, sobre todo si hay otros contornos.
Para comenzar, las hojas de plátano (que se encuentran con facilidad en tiendas latinas o asiáticas) se entrecruzan en el fondo de la susodicha cestilla. La primera capa de masa es aplicada plana- y finamente sobre este cruzado de hojas. De seguidas, se introduce una capa de guiso que repose sobre la capa de masa.
Siendo el guiso el gran consumidor de esfuerzo y tiempo entre los puristas, aunque sin duda es el guiso el definidor de la hallaca, nosotros hemos optado por comprar guisos prehechos de pollo, carne de res y carne de cerdo en restaurantes mejicanos de los que sirven burritos y quesadillas. Los guisos foráneos son poco después entremezclados en casa y hasta sazonados a nuestro gusto y siguiendo los lineamientos de nuestra memoria gustativa.
De inmediato, se colocan en la cima plana del guiso los cruciales adornos: aceitunas simples o rellenas de pimiento, alcaparras pequeñas, almendras peladas (la cutícula de la almendra se cae casi sola después de una breve inmersión de la semilla en agua caliente de chorro), uvas pasas, y tiras de pimiento morrón. Todos estos productos son de fácil adquisición en cualquier casa de abasto o mercado en Boston o en cualquier lugar de los EE.UU. y se usan practicamente como salen del frasco.
A continuación, se recorta una tapa circular de hoja de plátano de algo menos de 6 pulgadas, suficiente para cubrir la media hallaca hasta ahora hecha. Una capa de masa --que será el techo de la hallaca-- se le adhiere a esta tapa de hoja antes de intentar colocarla sobre el guiso y sobre la pared circular de masa que bordea al conglomerado. Hecho ésto, el binomio de hoja redonda y de cachapita de masa se invierte y se coloca encima del incipiente pastel hasta ahora destechado. Con delicadeza, se aproximan todos los componentes y se sella la hallaca. Los flecos de la primera capa de hojas se doblan sobre el producto y hasta más hojas de plátano pueden añadirse a lo que será --en el momento de comer la pieza-- el piso vegetal de nuestra hallaca. Esta unidad de hallaca se repite en consiguientes cestillas de bambú hasta elaborar el número deseado de hallacas para ese día o para días subsiguientes (duran, pero hoy por seguro no se cuantos días...).
Ya listas varias cestillas con sus hallacas crudas, se apilan en una columna y a la cestilla de arriba se le coloca la tapa de bambú que corona al conjunto vaporeante. En una olla de vapor (no de presión) donde quepan, se exponen las hallacas por 30 minutos al vapor de agua que surge del hervor del compartimiento inferior de dicha olla. No recomendamos de ninguna manera la inmersión de las cestillas en agua hirviente propiamente, ya que tergiversaría la innovación de usar un utensilio oriental --para el delicado contacto del vapor con el alimento-- en la confección de algo tan occidental como nuestra hallaca, tradicionalmente nacida de un verdadero ahogo en agua en ebullición.
Realizada la vaporización (¿o el vaporeamiento?), se sacan las hallacas, que están minimamente húmedas, y se dejan reposar por algunos minutos para que los sabores y, aun más, las texturas y consistencias asienten a su más alto nivel de perfección posible, uno que es cercano y hasta similar al de hallacas comidas en tierras venezolanas y preparadas por cocineros duchos.
Ya listas para ser comidas, se hace contactar el borde superior de la cestilla hallaquífera con el fondo de un plato llano. Al invertir con movimiento rápido el conjunto de plato y cestilla, con la cestilla ahora arriba, la hallaca queda colocada integramente sobre el plato llano y en su centro. La visión resultante es de una hallaca redonda, de hoja limpia y lisa, sin hilos que la circulen, descansando sobre la blancura (o el motivo navideño) del plato.
Las hojas superiores puede ser cortadas con tijeras para descubrir primero el techo de la hallaca. La capa de hojas de los lados verticales pueden ser suavemente retraidas a mano. La hallaca desnuda aparece entonces entre un nido de tiras vegetales que radian desde el centro de la joya culinaria hacia el infinito. ¡El festín puede ya comenzar!
[Detalles de cada porción del proceso se irán añadiendo a este método. Hoy quiero solo soltar la primicia en forma general y en el día de Navidad. No me cabe duda que ya alguien hizo algo parecido. Si lo sabe, por favor comuníquenoslo.]
3 comments:
Etenos aqui con la primera de las multiples muestras de transculturación en tiempo real de tradiciones antiguas convertidas en modernas y apetecibles nuevas joyas del paladar Venezolano.
Nada mas y nada menos que la intocable receta de hallaca Navideña acaba de ser transportada por la máquina del tiempo y de las circunstancias, por la tinta mágica de Aldo, por las gracias de Marilyn y por los demás componentes de las artes de la imaginación, a un nuevo plato de aquellos, que sin pasaporte válido de su propio País, ahora pueden hacer sus hallacas en tiempo mínimo.
Si bién es ésta una receta fácil y amenamente escrita, cosa que a partir de hoy me doy cuenta que es un nuevo arte Literario y me provoca gran emoción, quiero muy humildemente añadir algunos toques, a tan original idea creada.
-Las Hojas de Plátano- La receta original requiere que estas hojas esten ahumdas, por leña. Pero no hay que angustiarse, se colocan las hojas compradas en tierras frías, una vez delicadamente restregadas con una toalla de algodón húmedo, al humo de la leña de cualquier chimenea de casa.
Si no tiene, llame a un vecino y preséntesele en la puerta, diciendo algo como: "May I use your fireplace to smoke some banana leafs?"...como buena expresión Venezolana, ellos pensarán...que estás "fumado"...lo que significa que bajo el efecto de otras hojas alucinógenas, no estás en pleno cabal. Bueno, las hojas se pasan rápidamente, unas tres a seis veces cada una, por el HUMO del fuego generado de madera orgánica. ORGANICA, que cosa obvia, pero debes cerciorarte que no tenga luces de bengala y plomo en exeso, para que no se te contamine la hoja, la cual ha sido producida no orgánicamente, con exeso de insecticidas en otro lugar del Mundo. No debes pensar en esas cosas.
Una vez ahumada, te fijarás que el color verde intenso es ahora verde oliva, y tiene, junto con toda la casa tuya o de tu vecino, el olor famoso de la hallaca navideña, ahora, totalmente autóctono y que te recuerda la via de Oriente, por la zona de Barlovento, donde continuamente se añejan las hojas siempre orgánicas del Plátano.
Enseguida de este proceso, parte del aroma de la hoja se convierte en escencia de la masa (sin trans-fats, ya que no se utilizó CRISCO para la amasada, sino aceite vegetal). La superior imaginación de Aldo y Marylin, nos dió este regalo navideño que es un sincretismo de recetas y amistad.
Queridos Tíos,
Para los que pertenecemos al "social group comprising people united by a common denominator" -en nuestro caso el inefable exilio- esta receta no sólo viene como anillo al dedo por su sencillez, sino también, a nuestra manera importada, nos permitirá el próximo año, ofrecer nuestra amada hallaca como una opción adicional en las cenas de navidad (la voy a pasar a todos mis conciudadanos en Atlanta). Gracias mil por compartir esta nueva manera de cocinar lo nuestro, por los gratísimos momentos proveídos por tu fantástica prosa y por ensalzar y traer a este país una de nuestras más caras tradiciones.
Abrazos y feliz año 2007.
Valentina
http://vv-c.spaces.live.com
Mira que interesante método. Lo probaré y te comentaré mi resultado.
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